viernes, septiembre 22, 2006


UNa mezcla de sabores picantes y dulzores rimbombantes, un espacio sideral que se observa a través de un espejo y una vida miserable no se diferencian en mucho.

existe un interludio entre un segundo de vida y el siguiente, en donde se disocia cada aspecto que lo conforma así como los aceites que naufragan por el agua fresca, o como la polaridad que se observa en el uno llorando y el otro en risas.

En ese instante se entrevé que los puntos se intersectan formando uno solo. Uno.

Es el uno naciente como el sol de las mañanas veraniegas, que es un gigante esplendoroso, que seprepara para hacer su aparición celestial con los aluciérnagados rayos que le acompañan haciendo presencia. Y aún así nadie lo vé.

Nadie ve el ordinario de cada vida. No se ve en las calles, ni en los faroles que te alumbran cada vez menos, ni en el basurero municipal...En ninguna parte.

SI nadie lo espia nada ocurrirá y ese instante sideral, como siempre, se pierde en la divergencia de su cotidaneidad.